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Próstata: anatomía, función y patologías más frecuentes

Próstata: anatomía, función y patologías más frecuentes

Actualizado: marzo 2026 · Tiempo de lectura: 9 min

La próstata es una de las glándulas más relevantes del aparato reproductor masculino y, paradójicamente, una de las menos conocidas por la población general. Su ubicación estratégica alrededor de la uretra y debajo de la vejiga la convierte en una pieza clave tanto para la función reproductiva como para la función urinaria. Comprender su anatomía, fisiología y las patologías que con mayor frecuencia la afectan es la base para un abordaje informado de la salud prostática.

Anatomía de la próstata

La próstata es una glándula exocrina de forma troncocónica, con la base orientada hacia la vejiga y el vértice hacia el diafragma urogenital. En el adulto joven sano, pesa aproximadamente 20 gramos y mide unos 3 cm de longitud, 4 cm de anchura y 2 cm de profundidad anteroposterior.

El modelo zonal de McNeal (1968), aún vigente, divide la próstata en cuatro zonas funcionales:

  • Zona periférica (70% del volumen): Es la región más externa, palpable al tacto rectal. Es donde con mayor frecuencia se origina el cáncer de próstata (75% de los casos).
  • Zona central (25% del volumen): Rodea los conductos eyaculadores. Es la zona donde se originan con menor frecuencia tanto la HPB como el cáncer.
  • Zona de transición (5% del volumen en jóvenes): Rodea la uretra prostática proximal. Es el asiento casi exclusivo de la hiperplasia prostática benigna. Con la HPB puede llegar a representar el 90% del volumen total de la glándula.
  • Estroma fibromuscular anterior: Una lámina de tejido muscular liso y conectivo que cubre la superficie anterior de la próstata. Carece de tejido glandular.

Función fisiológica

La función principal de la próstata es la producción de líquido prostático, que constituye aproximadamente el 30% del volumen del semen eyaculado. Este líquido es ligeramente alcalino (pH 6,5-7,5) y contiene:

  • Antígeno prostático específico (PSA): Una serina proteasa que licúa el coágulo seminal tras la eyaculación, facilitando la movilidad de los espermatozoides. Sus niveles séricos se utilizan como marcador en la detección de patología prostática.
  • Ácido cítrico: Proporciona energía a los espermatozoides.
  • Zinc: La próstata es el órgano con mayor concentración de zinc del cuerpo humano. El zinc tiene funciones bactericidas y es necesario para la estabilidad del ADN espermático.
  • Espermina y espermidina: Poliaminas que estabilizan la estructura del ADN y de las membranas celulares de los espermatozoides.
  • Prostaglandinas: A pesar de su nombre (del griego prostates: que está delante), las prostaglandinas seminales proceden mayoritariamente de las vesículas seminales, no de la próstata.

Regulación hormonal

La próstata es un órgano andrógeno-dependiente. Su crecimiento y función están regulados principalmente por la testosterona y, sobre todo, por su metabolito activo, la dihidrotestosterona (DHT):

La testosterona plasmática difunde libremente a las células prostáticas, donde la enzima 5-alfa-reductasa la convierte en DHT. La DHT tiene una afinidad por el receptor de andrógenos cinco veces mayor que la testosterona y es el principal estímulo para la proliferación de las células prostáticas. Existen dos isoformas de la 5-alfa-reductasa: la tipo 1 (predominante en piel y hígado) y la tipo 2 (predominante en la próstata). Esta distinción es relevante farmacológicamente: finasterida inhibe solo la tipo 2, mientras que dutasterida inhibe ambas isoformas.

Patologías más frecuentes de la próstata

Hiperplasia prostática benigna (HPB)

Es el crecimiento no maligno de la zona de transición prostática. Comienza a nivel histológico a partir de los 30 años y produce síntomas clínicos (STUI) a partir de los 45-50 en una proporción creciente de varones. Los STUI se dividen en síntomas de vaciado (obstructivos: chorro débil, dificultad para iniciar, goteo) y síntomas de llenado (irritativos: frecuencia, urgencia, nicturia). La severidad se cuantifica con el cuestionario IPSS.

Prostatitis

Se clasifica según la NIH en cuatro categorías: I (bacteriana aguda), II (bacteriana crónica), III (síndrome de dolor pélvico crónico, SDPC, que puede ser inflamatorio o no inflamatorio) y IV (prostatitis inflamatoria asintomática). La categoría III es la más frecuente (90% de los casos) y la más difícil de tratar. Se caracteriza por dolor perineal, suprapúbico o genital, y síntomas miccionales irritativos. Su etiología es multifactorial: inflamación neurogénica, disfunción del suelo pélvico, factores psicológicos y, posiblemente, infección subclínica.

Cáncer de próstata

Es el tumor maligno más frecuente en el varón europeo (excluyendo el cáncer de piel no melanoma). En España, se diagnostican más de 30.000 nuevos casos al año. Se origina mayoritariamente en la zona periférica y su desarrollo es andrógeno-dependiente. Los factores de riesgo principales son la edad, los antecedentes familiares y la etnia (mayor incidencia en varones afroamericanos). El cribado con PSA es objeto de debate: permite detectar tumores en estadios tempranos pero también genera sobrediagnóstico y sobretratamiento.

Nutrientes relevantes para la función prostática

Varios nutrientes y compuestos bioactivos participan en el mantenimiento de la función prostática normal:

  • Zinc: Como se ha mencionado, la próstata acumula zinc en concentraciones 10 veces superiores a las del plasma. Los niveles prostáticos de zinc disminuyen tanto en la HPB como en el cáncer. El zinc inhibe la actividad de la 5-alfa-reductasa a nivel local y modula la apoptosis celular.
  • Selenio: Cofactor de la glutatión peroxidasa, una enzima antioxidante clave. El estudio SELECT no encontró beneficio preventivo con suplementación de selenio a dosis suprafisiológicas, pero la deficiencia de selenio sí se ha asociado con mayor riesgo prostático.
  • Licopeno: Se acumula selectivamente en el tejido prostático. Inhibe la proliferación celular, reduce la señalización de IGF-1 y tiene propiedades antioxidantes potentes.
  • Fitosteroles (beta-sitosterol): Presentes en semillas de calabaza, soja y cereales integrales. Compiten con el colesterol en la absorción intestinal y modulan la respuesta inflamatoria prostática.

Formulaciones como Prostalix, que integran algunos de estos ingredientes, se orientan al apoyo nutricional de la función prostática. Su uso es complementario al seguimiento urológico y, en caso de patología diagnosticada, al tratamiento médico prescrito.

De la anatomía a la prevención

Conocer la estructura y función de la próstata permite entender por qué esta glándula es tan susceptible al paso del tiempo y por qué su cuidado debe ser proactivo. El crecimiento de la zona de transición es inevitable, pero su velocidad y sus consecuencias pueden modularse. La inflamación crónica, un factor de progresión documentado, puede reducirse con hábitos de vida y nutrición adecuados. Y la detección precoz de cualquier anomalía depende de revisiones periódicas que todo varón debería incorporar a su rutina sanitaria.